Y cuando piso finalmente las escalinatas grises de ese viejo teatro, construido con el sudor de mil hombres sacrificados y bañado en la sangre otros mil en los pasados olvidados tiempos, sintió que todo había cambiado, algo allí no era lo mismo que hace 50 años cuando aun casi al final de su juventud vampirica disfrutaba observando el bello arte de los soñadores.
Se detuvo un minuto y escucho con atención el ambiente que le rodeaba, un silencio de muerte reinaba y entre las personas allí ya no había corazones latentes, la humana magia de ese lugar había muerto....
Su oído un tanto agudo y refinado no pudo sentir las respiraciones de aquellas bolsas de zumos que le daban color y "normalidad " al vetusto Colon, su estructura fría e inamovible chirriaba apenas un leve sonido al viento seco que recorría esa noche el salón principal.Con esperanzas vagas pero escasas en su muerto corazón dirigió la tensión de sus sentidos hacia los camarines, el eterno refugio de los artistas consagrados y otros menos agraciados condenados a vivir bajo la gloria de unos haciéndole sombra, aquel mundo extraviado de la liviandad pétrea y sumida en el olvido de la sala donde el brillo final se despliega; Podía rememorar y sentir sobre sus poros el perfume Frances que inundaba el ambiente con aroma a rosas desde el pasillo hasta ese paraíso, podía hacerlo siempre y cuando evocara dicho cuadro, pero esta vez era distinto no percibió los fantasmas de ese mundo, ni siquiera intentaron llegarle a tocar sus puertas mentales esta noche, en cambio un leve aroma se expandía cual flor de loto que ha madurado y una vez abierta solo ha dejado volar su esencia mágica , y su caparazón aun hermosa y admirable yace allí, inmóvil, congelada en un tiempo que ya nadie añora intentando recrear ese dulce aroma, que ahora forma parte de los pensamientos estelares y exaltados de los eternos soñadores. Los fríos mosaicos, de austera porcelana del siglo pasado yacían incólumes en el lugar, orgullosos de no haber cambiado ni siquiera su brillo y de ahora ser las estrellas del lugar inundando el ambiente con falsa modestia, Eso le agrado a la señorita Jocelyn, ciertamente dejo escapar una sonrisa de satisfacción que se filtro ante su frío y serio semblante que no quería aparentar la nostalgia que su alma sentía.
Camino unos metros por las maderas que rechinaban un poco y levantaban un polvo que contenía las glorias pasadas, casi mágico, casi admirable, pero continuo hasta el escenario principal toco con sus blancas manos como la nieve y palpo en su tersa pero fría piel lo pomposo del rojo telón, un color mas profundo que el carmesí que muchas veces había visto brotar de las venas de sus victimas. Apoyo su rostro y lo acicalo con la suavidad de la tela, sintió cada poro en contacto con cada hebra de hilo carmesí inundando su percepción de antiguos y felices fragmentos de operas, obras y orquestas sinfónicas brillando mas que la aurora boreal sobre el cielo; Un gesto de alegría y gozo escapo de sus cuerdas vocales y un suspiro de conciliación llego a su ser, se sentía satisfecha. Finalmente abrió sus ojos de un tenue matiz verde amarronado y durante un segundo lo miro a Gustave su fiel y apuesto ghoul, dejo deslizar la roja cortina con la elegancia de cisne en su lago revoloteando en el agua y le indico que preparara el auto. Su confiable servidor de mediana estatura pero de cuerpo fornido, con una tez caucásica dotado de una expresión vivida ayudada por sus ojos azules como el agua cristalina se apresuro hacia la salida del majestuoso Colon mientras ella con su vestido negro de satén que ya tenia algo mas de ciento ochenta años, y cargando un crucifijo con engarces de piedras de ónice perteneciente al periodo barroco, forjado por un gran artista no muy conocido, sus larga cabellera negra, mas negra que la noche que resaltaba su pálida piel. Dulcemente se desplazo hacia la salida tarareando una melodía que ella solía tocar en su juventud en este glorioso monumento, con sus pasos tímidos y gráciles pero refrenados finalmente traspaso el umbral de madera que indicaba la salida con un cartel labrado en madera color caoba al parecer de un fino roble de los bosques del sur, que esplendoroso y sobresaliente anunciaba ser el ultimo ser que los observaba esa noche pero no por ello iba a olvidarlos.
Una vez afuera, Gustave se encontraba fumando un cigarrillo mientras esperaba a su hermosa y radiante ama y señora. Ella se acerco despacio hasta el caballo de acero , negro y potente, dándole tiempo a su criado que cortésmente le abriera la puerta e inefablemente en el interior del corcel metálico le dedico unas dulces y táctiles palabras, con su tono de voz aristocrático y a la vez elegante, pronunciando solo exageradamente el principio de su enunciado dijo: " Mi querido Gustave (pronunciado como una efe al final y en un tono seco, pero claramente superior) llévame a las orillas del río, estoy de humor para beber vino bajo la luna y celebrar mi vuelta a esta hermosa ciudad", desde hacia unos largos meses no la había escuchado tan apacible a ese espíritu arquitecto y soñador pero igualmente de guerrero, ni nunca antes lo había tratado tan amablemente; Sin duda seria el comienzo de una nueva etapa, una nueva ciudad y un nuevo sueño.
Nico ,extenso el texto eh , obviamente lo leí , supongo que ésto debe continuar, me alegra tenerte acá. Un abrazo :)
ResponderEliminarNico ya que estamos te digo: prefiero ésta fuente para la letra, más fácil de digerir (?), y me encanta la foto de perfil que elegiste.Besos!
ResponderEliminar