Como un pintor al crear sus lienzos, enigmaticos y atractivos, esta alma sensible les regala esta noche y todas por la eternidad las historias de un pasado olvidado vuelto a la vida por la mano del narrador oscuro. Relajense, lean y sientan lo que los viejos vientos susurran...

viernes, 25 de noviembre de 2011

Mi niña prodiga... parte 1

La noche estaba gloriosamente adornada de estrellas que compensaban la falta de aquellas infaltables pero presuntuosas nubes. Dichos pomposos cuerpos flotantes que tanto porte lúgubre dan a la vieja catedral del centro, estas habían dejado al descubierto una porción de cielo inundada de brillantes astros que escoltaban a la gran luna, cuya luz bañaba con un hermoso fulgor la vieja construcción reluciente de detalles barrocos y góticos en su estructura.
Allí se encontraba ella aguardando frente al gigantesco templo de fría y calada piedra, aguardando una señal, un claro signo que reafirmara el honor de su coronación. Permaneció con sus ojos cerrados unos minutos, buscando en su interior la fuerza para dominar esos bestiales impulsos humanos que intentaban desgarrar su fachada de mujer inmutable. Esos sentimientos Traian consigo el despertar de los fantasmas del pasado que arribaban hasta su alma y amenazaban su razonamiento lógico, una mueca de enfado escapo de su control mientras susurrando por lo bajo los nombres de quienes alguna vez fueron sus camaradas, presionaba su cruz de ónice. Solo entonces, bajo la apenas espesa neblina que cubría la calle y parecía augurar una extraña noche, temeroso pero al mismo tiempo preocupado Gustave interrumpió la meditación de su señora con cordiales modales mientras profería dubitativamente “ Mi señora, ¿se encuentra bien ? ya debería usted entrar y no hacer esperar mas a su excelencia…. “
Jocelyn acababa de despertar de un extraño y aparente sueño, sus uñas habían crecido y habíanse clavado en el colgante rajando apenas el valioso engarce que sobresalía henchido y orgulloso. En sus ojos negros casi tan profundos como el mismo abismo se podían ver los destellos de una rabia indomable apresada; Tardo unos segundos en recobrar su espíritu aristocrático y su gentil sonrisa lobuna, y luego con su melodiosa voz solo dejo escapar de sus labios rojos y finos un simple pero directo” Prosigamos Gustave, mi padre espera….”. Sin mediar palabras demás, su apuesto y fiel servidor acompaño a su distinguida y ahora poseedora de un titulo, a su amada señora y emperatriz de su voluntad hasta el sagrado recinto donde el destino y la sangre de su sangre la esperaban.
Las gigantes y herradumbrosas puertas finamente decoradas con celebres batallas contra dragones y valientes caballeros sobre sus lomos, produjeron un sórdido sonido al desplazarse y mostrar la formada silueta de la agasajada cainita, ligera en su andar con su vestido negro azabache proveniente de las lejanas tierras de medio oriente, su negra cabellera desplegada sobre su pálido cuello y hombros, y lo mas impactante de todo. las impresiones que uno pudiera tener, estuviese uno en pleno uso de sus facultades mentales o no, la mirada de Jocelyn tan negra como la noche y el olvido reflejaba en si una clara señal, la motivación de esos zafiros negros, que habían condenado al abismo a miles por placer, ahora portaban un brillo translucido. Ella ahora poseía una fría mirada que atemorizaría hasta al más insensible y malvado de los verdugos. Desfilando sobre la purpúrea alfombra con la gracia de una espada sagrada, cortaba el aire mientras que las luces se atenuaban y las sombras cubrían majestuosamente el decadente decorado de la archidiócesis, un silencio expectante escoltaba sus pasos y movimientos como estocadas mortales, mas de un vástago allí cuya naturaleza había ignorado una señal tan evidente como la pérfida luna y la espesa niebla supo en ese momento que la justicia, impía y de carácter purificadora emanaba de los ojos de la futura obispo del territorio. Poco demoro en llegar al altar presidido por el arzobispo Edwin, paradójicamente su padre, una vez que su porte se había topado con el peñasco superior y en el fondo su profundamente odiado padre, su marcha detuvo y desafiante e irradiando honor lo miro sin proferir palabra alguna. Entonces el, un viejo vástago mañoso sonrío exhibiendo sus blancos colmillos y dijo con aire superior pero no extraño a la pálida dama “Al fin has regresado, hija mía... Mi niña prodiga”.

1 comentario:

  1. Interesante... interesante... En el proximo escrito seguramente vendra la charla donde se van a arrancar los ojos cortezmente con palabras, como buenos vastagos de la alta sociedad ^^

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